sábado, 24 de noviembre de 2007

Guía de Excursiones: El Pardo, por José Giner Pantoja

En el primer número de la revista Residencia, editada por la Residencia de Estudiantes, en el año 1926 aparece una guía de excursiones por El Pardo, a cargo de José Giner Pantoja.





Sorolla y La Angorrilla


En noviembre de 1906, la familia del pintor Joaquín Sorolla se instala en el Monte. Su hija María padecía tuberculosis, y los doctores Simarro y Medinaveitia habían recomendado al pintor el aire puro del Monte. La familia Sorolla se instala en La Angorrilla, cuyo arrendatario Carlos Urcola le ofreció.

La familia Sorolla vivió en La Angorrilla hasta comienzos del verano de 1907, que pasan a La Granja, con María ya recuperada. Durante este tiempo, el pintor trabaja en su estudio en Madrid y se acerca a El Pardo los fines de semana.

Aquí reproducimos algunos de los cuadros que pintó Sorolla durante su estancia en El Pardo.





Carlos Urcola Ibarra con su hija, 1914



Arco Iris. El Pardo




Vista de El Torneo




Elena en El Pardo




María en El Pardo (al fondo se puede ver el Cerro de la Marmota)




María pintando en El Pardo


Bibliografía:
PONS-SOROLLA, Blanca, Joaquín Sorolla : vida y obra, Madrid, Fundación de Apoyo al Arte Hispánico, 2001.
Sorolla paisajista : Torreón de Lozoya del 15 de junio al 19 de agosto de 2001, Segovia, Caja de Segovia, 2000.


miércoles, 21 de noviembre de 2007

La anexión de El Pardo a Madrid

Armando García nos remite la portada del ABC de 28 de marzo de 1951 que muestra el acto de anexión del Ayuntamiento de El Pardo a Madrid.



domingo, 18 de noviembre de 2007

Dos fotos más del Tranvía

Diego Ponce nos envía un par de fotos sacadas del libro Tranvías de Madrid de Carlos López Bustos.

En una se ven las cocheras del tranvía en El Pardo y la otra es el tranvía en marcha.


viernes, 16 de noviembre de 2007

El Pardo visto a finales del siglo XVI, por Jehan Lhermite (I)

Jehan Lhermite cortesano flamenco durante el reinado de Felipe II escribió una obra llamada El Pasatiempos en la que se narraba toda la vida de la corte de la Monarquía Católica. Esta obra ha sido publicada recientemente por la editorial Doce Calles con el nombre El pasatiempos de Jehan Lhermite : memorias de un gentilhombre flamenco en la corte de Felipe II y Felipe III, edición a cargo de José Luis Checa Cremades y Jesús Sáenz de Miera.

Entre 1590 y 1591 estuvo en El Pardo que describe con minuciosidad, pero como el texto es tan largo vamos a dividir las descripciones que hace de los edificios y de las descripciones de las cacerías. En este primer texto aparecen las descripciones del Palacio con la Galería de Retratos, el origen de la Casa de Oficios y la construcción de la Torre de la Parada:

"... diré que Su Majestad salió de San Lorenzo el Real el día siguiente a Todos los Santos hacia El Pardo, donde se quedó todo el mes de noviembre, como de costumbre; durante este mes disfrutamos de varios entretenimientos y diversiones; era éste un lugar muy agradable y ameno, y la casa que se había construido allí, como ser podrá ver más claramente en la ilustración, era muy cómoda y había sido hecha a imitación de las de nuestro país. Además, desde este lugar las salidas al bosque son muy cómodas para todos y en ellas los criados del Rey se divierte sobremanera. Como he dicho, la casa es bastante bella y aunque es pequeña está bastante bien construida, sus techos están cuiertos de pizarra y en sus cuatro esquinas se han construido pequeñas torres elevadas; es cuadrada y está rodeada de un foso sin agua en cuyo fondo hay un vistoso espacio ajardinado adornado con flores a todo alrededor. Suele decirse que el agua de los alrededores de las casas es poco salubre a causa de los vapores y humedades que atrae y sin embargo entonces no percibí ninguna, salvo las cuatro fuentes que había en las cuatro esquinas de este foso, que sirven para regar este jardín. En una galería alta podían verse varios retratos que representaban a grandes señores y Príncipes, todos ellos pintados por la mano de dos de los más famosos pintores que hubo en su tiempo, Antonius Morus [Antonio Moro] y Titanus [Tiziano], los cuales han dejado allí sus propios retratos colocados al lado de otros muchos de personajes ilustres, como fueron el Emperador Carlos y la emperatriz, su hermano el emperador Fernando y todos sus descendientes, los de otras varias personas dignas de ser colocadas allí; todos ellos, junto con otras varias pinturas, ornaban maravillosamente esta galería; pasando a otra galería no menos bella y espaciosa, había muchas y hermosas pinturas ejecutadas por pintores diversos que trataban temas diferentes, las más de ellas obra de la invención de Hieroma Bosch [El Bosco] y también algunas del mencionado Tiziano y entre otras siete lienzos que representaban las fiestas que la Reina de Hungría, gobernadora que fue de los Países Bajos, dio honor a Su Majestad cuando entró en este país, en la ciudad de Blins, de las que todo el mundo se ha hecho lenguas y además ocho piezas de la jornada que hizo el emperador Carlos V en Alemania contra el Duque de Sajonia; además de esto había allí una capilla donde puede admirarse un bellísimo retablo que era la copia de una famosa pintura donde Nuestro Señor es descendido de la Cruz cuyo original se halla en la ciudad de Gante. Las paredes de las cuatro torres estaban pintadas con perspectivas de edificios y fábricas de estilo muy artificioso y lo mismo sucedía con lo techos o los cielos de algunas habitaciones y con las bóvedas de la galería grande, asimismo muy artificiosamente pintados sobre lienzos muy extendidos. Encima del mismo vidrio de las ventanas que dan al mediodía se habían pintado cuadrantes expuestos al sol y el dedo índice que señala la hora aparecía por fuera tendido y elevado sobre las gradas de elevación de este polo, por lo que podía verse muy fácilmente la hora que era cuando el sol caía encima, lo cual he querido señalar aquí para dejar constancia por parecerme cosa muy curiosa y muy fácil de imitar.

Esta casa empezó a construirse en tiempos del difunto emperador, pues antes sólo había allí una vieja torre de tiempos de los Reyes Católicos, y fue terminada por el actual rey, quien la ha mejorado mucho, pues ha agregado a ella otras casas para la comodidad y mejor alojamiento de criados y servidores. Este Emperador apenas demostró inclinación por la fábrica como después Su Majestad, quien desde que era Príncipe no la supo disimular nunca, de modo que sucedió un día (según cuenta un viejo criado del emperador) que estando el mencionado Emperador alojado en esta vieja casa con el pequeño séquito que había traído, y Su Majestad, que por entonces sólo era príncipe, econtrándose acomodado con poco espacio y habiendo pasado una mala noche, cuando al día siguiente fue a saludar a su padre le preguntó el Emperador cómo había pasado la noche, a lo cual (aprovechando la oportunidad) le respondió bastante mal y con muchas estrecheces, y añadió que Su Majestad haría bien agrandando la casa, o bien agregando otra para la comodidad de todos, a lo que el emperador contestó con esta sentencia muy digna de un tan sabio Príncipe: "Que los Reyes no avían de tener casas, ni voluntad". No cabe duda de que no le dijo estas palabras sin tener otras cosas en su mente, pero le fuemuy difícil expresar aquello a lo que la naturaleza tanto se inclinaba siguiendo el verso que dice: Naturam expellas furca, tamen usque recurret. Pero el príncipe, siguiendo su natural inclinación, pocos días después, obtuvo permiso de su padre para construir allí una torre exenta, la cual todavía hoy puede verse en la mitad de los bosques, con la condición de que sólo se utilizara para poner en ella un hombre de guardia, que nosotros llamamos sargento de los bosques, y destinó a este efecto cuatro mil escudos, lo que en este tiempo debía ser una suma muy elevada, sobre todo si la comparamos con el escaso dinero que Su Majestad manejaba entonces, pues no disponía para su gasto ordinario más que un escudo diario, y como su idea era otra, a saber, construir allí alguna bella torre, alta y poderosa, no pudo buenamente hacer frente a los gastos de una tan grande fábrica y no tuvo por ello más remedio que pedir un préstamo: además de los mencionados mil escudos, otros quinientos (como hizo), dinero que recibió de un criado suyo, gentilhombre de su cámara, al cual sin duda alguna le pagaría muy bien llegada su hora con usura e interés, y este edificio fue el primero que hizo en su vida, pero no el último, como se ha demostrado después, y ello a pesar de las reconvenciones de su padre el Emperador. Esta torre se llama habitualmente Atalaya [Torre de la Parada], que es una palabra bárbara que equivale a decir lugar alto, esto es, Torre, o dicho de otro modo, desde donde se puede otear todo el campo de los alrededores, el lugar donde antiguamente, en tiempos de los bárbaros, solían colocarse los guardas o centinelas para avistar a los enemigos, pero ahora esta atalaya había sido pensada para guardar los bosques y la caza, que abunda allí sobremanera, tanto animales de caza mayor como aves, pues hay allí ciervos, gamos, jabalíes, conejos, zorros, gatos salvajes y otros animales como águilas, garzas, buitres, urracas, y éstos en mayor abundancia que en ningún otro paraje, y además palomas salvajes, que nosotros llamamos torcaces, las cuales son allí innumerables, que se alimentan con bellotas que proliferan bastante por allí, y no producen estos bosques otro fruto, no creciendo en ellos sino una especia de árbol que es parecido al roble aunque con diferente follaje.

Este árbol es pequeño y achaparado y su hoja no se cae nunca de golpe, de suerte que no queda jamás completamente desnudo; así mantiene durante todo el año casila misma apariencia, pues cuando llega al tiempo de la caída de una hoja crece otra y esto produce una infinidad de bellotas cuando el año es bueno y fértil y es entonces cuando las mencionadas palomas acuden allí en mayor número, siendo este su verdadero pasto, pues son estas bellotas mucho mejores, más gruesas y dulces que las de nuestros cedros y de tal calidad que los pobres las comen en lugar de castañas, y los ricos tampoco les hacen ascos. Este árbol se llama en español Ensina, y tiene una hoja pequeña, redondita, dentada y de color muy triste que se parece a la que nosotros llamamos hoja muerta; puede decirse por lo demás que este bosque no sirve para otra cosa que no sea ser pasto de las llamas."


El Pardo visto a finales del siglo XVI, por Jehan Lhermite (y II)

Continuación del texto de Jehan Lhermite:

"La caza de estas palomas torcaces es muy divertida y la practican con asiduidad para deleitarse Su Majestad y Altezas, quienes disparan tiros de ballesta sentados debajo de un árbol o apostados dentro de una pequeña choza que se ha construido allí con las ramas y follaje de este mismo bosque. Se ponen encima ed este árbol una, dos o tres parejas de las mismas palomas torcaces domesticadas con los ojos tapados y se atan a una rama la cual se agita de lejos tirando de un cordoncillo para hacerlas aletear. Tras las palomas bajan de inmediato las otras aves salvajes que se ponen a su lado, y éstas son entonces rápidamente abatidas por los que están debajo, lo que es una de las mayores diversiones del mundo, pues en un instante se caza una treintena de ellas o incluso más.

Las urracas o picazas abundan allí sobremanera y se las coge con la ayuda de los halcones; se buscan en el campo abierto y cuando se las encuentra se lanza en su persecución a dos halcones que las apresan después de plantarles batalla, pues las urracas no tienen fuerza de ánimo para remontar el vuelo elevándose hacia arriba, sino que buscan por todas partes los arroyuelos, los setos pequeños y los arbustos para intentar ponerse a salvo, y llegan incluso a meterse dentro de las carrozas de Su Majestad y de las Damas de su séquito, también entre las piernas de los viandantes y los jinetes; tanto es así, que ni siquiera es posible expulsarlas de allí a bastonazos; sin embargo, para cortarles el paso y hacerles la guerra con pelo y pluma, se les arroja después un galgo o algún otro perro de caza (adiestrado para este cometido) que las persigue con mucho ímpetu, y los halcones hacen lo mismo, de modo que el pobre pájaro no encuentra descanso ni en el cielo ni en la tierra y finalmente no le queda más remedio que rendirse, sea a los halcones, sea a los perros, todo lo cual es una caza de ave muy divertida. Como sucede en nuestro país, la caza de las garzas es una de las más nobles y agradables que se hace sirviéndole de halcones. Lo mismo sucede con la captura del buitre que aquí llaman Milano y también con la del cuervo y la del ave rapaz que los españoles llaman Lechuça, que todos ellos apresan con halcones, pero que antes de claudicar se defienden maravillosamente tomando un vuelo muy alto; tanto es así, que casi siempre se termina por perderles de vista, y entre otras cosas recuerdo un día haber visto volar una lechuza que subió tan alto, hasta las nubes, que apenas podíamos verla, pero que, por estar el cielo despejado y ser el día brillante, la vimos defenderse siempre con tanta bravura de los ataques de dos halcones que contamos más de 36 tentativas antes de que estas aves rapaces se apoderaran de ella, pero que finalmente uno de los halcones capturó e hizo caer a tierra delante de nuestros pies. Tienen allí una lechuza muy grande que llaman Buo que no es la que acabo de mencionar, sino un pájaro extraño que creo que en nuestro país se llama Duque y que es muy grande, demasiado grande, pero que, por su plumaje y por el aspecto de su cara, es bastante parecido a otros de su misma especie; se le alimenta especialmente para la caza, lo que no se hace antes de servirse de este animal como señuelo, pues, cuando no tiene apariencia de buitre, cuervo, urraca u otra ave de presa para hacerla volar, toman solamente este ave rapaz, la tiran con la mano, hce el animal un vuelo en círculo sobre el campo, baja rápidamente desde lo más alto del cielo y atrae hacia sí una infinidad de pájaros que más parecen acudir allí por obra de un hechizo que por otra causa (aunque la razón sea bien evidente y natural, sabiendo bien todo el mundo cuán grande e infusa es la enemistad que se profesan todos los demás pájaros y este tipo de ave rapaz). Fijándose en su apariencia, los voladores hacen su elección después después de arrojar plimas a los halcones; hecho y visto lo cual, al instante, se libra en el aire, para grandísimo placer y contento de los espectadores, la más cruel batalla del mundo que pueda imaginarse. Este ave rapaz es de tal calidad que quien sabe dónde se halla su nido en la época es que tiene crías no necesita cuidarse de la cocina y saca además de esto grande ganancia de dinero, pues no hay día que no le proporcione una docena generosa de conejos, perdices y de otras cosas parecidas; pero ha de tenerse cuidado y no robarle las crías muy pronto, pues al poco de habérselas quitado el ave las recupera con rapidez, pues sabe que en estos primeros días de vida tiene que alimentarlas con tripas o parecidas inmundicias para que no se mueran de hambre, pues con esa muerte se termina el festín. Algo parecido sucede en el lugar donde viven las águilas y otras aves de presa grandes cuyo nido tampoco se conoce, pero aquí a veces lo que sucede es peor, pues son más fieras y bravas y no tan accesibles como la mencionada lechuza. Hay dos o tres clases de estas águilas: reales, grises y comunes, y como este pájaro es poderoso y temido por todos los demás, no hay ave de presa que se atreva a asaltarlo o combatirlo, por lo que no hay otro modo de cazarle que dispararle tiros de arcabuz, lo que complacía mucho a Monseñor el Príncipe antes de que varios otros lo intentaran abatirlo; lo mismo sucede con los zorros y con los gatos salvajes, también con los patos y ocn algunas otras aves fluviales que abundan por allí cerca y que vuelan por el Manzanares, que siendo habitualmente un río seco y poco profundo no tiene muchas aves como éstas y aún menos peces, y cuando los hay son pequeños y entre ellos algunos un poco grandes que los españoles llaman Barbos, que son los mismos que nosostros llamamos Barbeaulx, pero que no son tan grandes ni tan gordos como los nuestros. Sucede a veces que este río se desborda a causa de la afluencia excesiva de aguas de lluvia y nieve que se desprenden de las montañas vecinas, sólo a cinco o seis leguas de allí, y cuando esto sucede suele producirse una grandísima pérdida de conejos que abundan allí sobremanera, y un día sucedió que en un solo desbordamiento de agua se ahogaron más de 1400, que por lo menos valen un real la pieza, lo que equivale a un total de unos miles reales. Y aunque la pérdida sea tanta, queda todavía el número suficiente como para que puedan reproducirse, también para que los coja a discreción quien los quiera para su granja, y todavía quedan algunos par que Su Majestad haga cuando va allí una gran matanza para su real placer, lo que los españoles llaman O Jeo, que es un modo de caza en el que se permite a todos matar los conejos a discreción, cosa que se hace a bastonazos, lo que es una gran diversión para los criados y servidores mientras Su Majestad y Altezas están sentados en sus coches de caballos blandiendo su ballesta a la espera de la primera ola de conejos, que llegan allí en grande multitud perseguidos de lejos (antes se les tapa todas sus madrigueras) hasta el lugar donde se les espera, de modo que, después de que Su Majestad y Altezas descargan el primer golpe, avanzan todos los demás criados y miembros de su séquito para matarlos a bastonazos como si fueran moscas , y nadie, por pobre o pequeño que sea, deja de volver a su casa cargado de conejos. Este modo de cazar es considerado caza real y lo que se obtiene en ella no va a parar a las granjas, pues casi todas las veces que Su Majestad va allí se reparte, para gran placer y contento de todos. Lobos no hay muchos, pero Su Majestad, siendo príncipe y dedicando mucho tiempo a la matanza de estos y otros animales, así como a la de aves de rapiña, ordenó hacer no muy lejos de la casa real, en una colina alta y descubierta, un largo paseo subterráneo cubierto de yerba por encima y con muchos agujeros visibles por todos los lados al nivel de tierra y por delante de los cuales se colocaba algún trozo de carne cruda o bien un trozo de carroña u otras inmundicias parecidas para atraer así y seducir a los lobos, a otros animales y aves de presa y rapiña que se reunían allí en grande abundancia, y principalmente a los cuervos que los españoles llaman cuervos carniceros, buitres, Quebrantahuesos, que es pájaro tan grande como el águila o quizá un poco más así como a otros animales llamados en español Bueytre, que es también de la misma especie, y de cuyo nombre ha tamado este camino el nombre de la Bueytrera, según se lo llama hoy en día, y Su Majestad se metía allí dentro para atraparlos más fácilmente matando en cada ocasión gran cantidad de ellos. Los ciervos y los gamos son allí pequeños y no tan salvajes como los nuestros, lo que yo pienso se debe a la tranquilidad que tienen por todas las partes del reino, al menos en esta comarca, donde nadie puede cazarlos sin licencia del rey, lo que es causa también de que se les encuentre en la mayor abundancia imaginable; por ello no se los caza con perros como hacemos en nuestro país, sino que se les dispara con ballesta, intentanto clavarles puntas de flecha emponzoñadas con hierbas venenosas, o con tiros de arcabuz, como yo he visto matar a algunos. La Serenísima Infanta Doña Isabel [Isabel Clara Eugenia] y en su tiempo también Su Majestad les disparaban así con destreza y muy a menudo. Y lo mismo solían hacer en los Países Bajos, sobre todo en el bosque de Sonien, cerca de Bruselas, del que he oído contar maravillas, y entre otras dos o tres cosas muy raras y admirables, a saber que, queriendo disparar el Príncipe a un corzo en este bosque con tiros de arcabuz, no prendiéndosele la pólvora, queriendo averiguar lo que podría faltar, sucedió que poco después, repentinamente, prendiendo la susodicha pólvora, el mismo corzo fue abatido pot ls misma bala y esto sucedió de modo fortuito e inesperado, lo que maravilló mucho a todos y nadie sufrió daño alguno. Otro día y también en el mismo bosque, tirando cerca de otro gamo o corzo, acaeció que el tiro herró el blanco sin herir a la bestia, pero ésta quedó paralizada, sorda y aturdida por la sorpresa que le causó el disparo (que debió pasar muy cerca de sus orejas) y al no moverse del lugar terminó por ser apresada y matada por los perros.

Y para no perder el hilo de la narración diré que en este lugar tampoco había jabalíes tan bravos y furiosos como los de nuestro país; aquí se los caza de un modo diferente, a saber utilizando trozos de tela que tienen expresamente para este cometido después de haberlos encerrado en un pequeño circuito del cual se libera a los que no se quiere que mueran, que habitualmente son las hembras y sus crías, si tienen alguna, para no destruir completamente la especie puesto que ya quedan pocos. Y se meten dentro de este circuito Sus Majestades y Altezas y todas las damas que van en coches de caballos, y también los gentilhombres de a caballo. Éstos blanden en el puño una horquilla de madera que tienen también Su Majestad, Sus Altezas y Damas para defenderse si es necesario de la furia (si es que puede llamarse así) de esta bestia, a la cual se mata allí podemos decir que a bastonazos, y para acabar del todo con ella siguiendo la orden de la montería se suelta después dos grandes galgos que la despedazan en un instante y como por maravilla no queda allí nunca perro muerto ni herido (...).

En los primeros días del mes de diciembre Su Majestad partió de El Pardo hacia Madrid y permaneció en esta ciudad solamente cinco semanas (...)."

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Monte de El Pardo, de Rafael Alberti

Rafael Alberti escribió la poesía Monte de El Pardo durante la Guerra Civil, que reproducimos a continuación:

Tanto son en la guerra, de pronto, tanta lumbre
desparramada a carros por valles y colinas;
tan rabioso silencio, tan fiera mansedumbre
bajando como un crimen del cielo a las encinas;

este desentenderse de la muerte que intenta,
de acuerdo con el campo, tanta luz deslumbrada;
la nieve que a lo lejos en éxtasis se ausenta,
las horas que pasando no les preocupa nada;

todo esto me remuerde, me socava, me quita
ligereza a los ojos, me los nubla y me pone
la conciencia cargada de llanto y dinamita.
La soledad retumba y el sol se descompone.


martes, 13 de noviembre de 2007

Artículo sobre el Tranvía

En octubre de 1902, al poco de inaugurarse el Tranvía, se publicó un artículo sobre el mismo en la revista Nuevo Mundo. La referencia se la debo de nuevo a los Veteranos del Regimiento.

El artículo tarda en cargarse.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Más sobre el Tranvía

Los Veteranos del Regimiento de Transmisiones me han mandado una fotografía perteneciente a la Fototipia de Hauser y Menet, fechada en 1916, en la que se ven las vías del tranvía a su paso por la Puerta de Hierro.

viernes, 9 de noviembre de 2007

El Tranvía

En los primeros años del siglo XX existió un tranvía que unía La Florida con El Pardo, la vida de este tranvía fue corta. La «Sociedad del Tranvía del vapor de Madrid a El Pardo», fundada en 1903 por el marqués de Urquijo, el conde de Berbar, Isidro Lastra y Francisco Rodríguez, cerró en 1917 por el aumento del precio del carbón con motivo de la Primera Guerra Mundial. El tranvía tuvo sus talleres en el solar que ocupa actualmente el Colegio Público Monte de El Pardo.



Navegando por la web hemos encontrado otra imagen de la Llegada del tranvía a El Pardo.


Y para terminar reproducimos un texto escrito por Azorín en el que describe el trayecto desde La Florida a El Pardo recogido por Nicolás Ortega Cantero en Paisaje y excursiones: Francisco Giner, la Institución Libre de Enseñanza y la Sierra de Guadarrama, Madrid, Raíces, 2001, pp. 104-105.

"El tranvía ha comenzado a caminar lentamente; poco a poco la marcha aumenta; crece el estrépito de maderas viejas y herrumbres. Pasamos primero a lo largo de la fila de merenderos; los organillos lanzan sus notas joviales y claras; a la izquierda, por encima de las techumbres, por entre el ramaje, aparecen las riberas del Manzanares.

Ya hemos pasado bajo el puente de los Franceses; una larga alameda de olmos enormes se abre ante nosostros; los troncos rugosos aparecen, a trechos, manchados por los verdes líquenes; las ramas finas, desnudas, se recortan en el añil radiante.

Todavía el boscaje limita el horizonte; aún no ha parecido ante nosotros la perspectiva grande y severa del viejo campo castellano. Pero los árboles de la alameda van desapareciendo; atrás queda el boscaje gris, pardo, negruzco, de olmos y de plátanos; el tren asciende por un suave terreno... Y de pronto, ante nuestros ojos, ávidos de empaparse en la hermosura del paisaje, aparece una inmensa llanura de verde obscuro, con entonaciones azul intenso, rojiza, de un rojo profundo a trechos, amarillenta, de un sombrío amarillo, en otras partes.

No es éste el paisaje vasco, suave, melancólico, ensoñador, romántico; no es el paisaje levantino, claro, radiante, desnudo, de líneas y perfiles clásicos. Estas montañas no son las vagas montañas del Norte, esfumadas en la bruma que se desgarra; estas llanuras no son las llanuras diáfanas de Levante, cerradas por una línea de gráciles almendros o por un dorado ribazo del que desbordan los pámpanos presados. Aquí los colores son intensos, enérgicos, obscuros; una impresión de fuerza, de nobleza, de austeridad se exhala de la tonalidad de la tierra, de la vegetación baja, achaparrada, negruzca, de encinares y robledales, de la misma ondulación amplia, digna, majestuosa, que hace la tierra al alejarse.

Acá y allá, ante nosotros, en el llano sombrío, destacan las manchas, más intensas, de las encinas; a lo lejos, en la remota línea del horizonte, aparece, al otro lado de una loma negruzca, una larga pincelada menos negra, menos austera; más arriba, por encima de esta línea menos negra, aparece ya, cerrando en definitiva el horizonte, el telón azul del Guadarrama, con sus cresterías nevadas, nítidas, luminosas, irradiadoras..."

Imágenes Antiguas


Aquí mostramos algunas de las postales que realizaron Daniel Álvarez y Marcos González para la Fototipia Hauser y Menet. Se puede observar cuánto ha cambiado El Pardo en los últimos 100 años.





domingo, 4 de noviembre de 2007

Otoño en El Pardo, según Juan Ramón Jiménez

El siguiente texto "Otoño en El Pardo" aparece en el libro Un andaluz de fuego: (Francisco Giner de los Ríos), editado en 1998 por las Fundaciones El Monte y Juan Ramón Jiménez:

"Contra el macizo negro y plata de Guadarrama, que asoma imponente, mina de hierro, entre sus nubes grandes, al fin del río, el agua gris viene al puente viejo, entre chopos deshojados, que aún conservan un festón amarillo.


El terreno bello, lomeado, hace un oleaje de verdeazul y sombras, y por las negras encinas sin bellotas, andan los cuervos negros.


El dramatismo de El Pardo no es nada ascético, como se ha dicho tanto, ni nada místico, su trájico es sano, su fatídico es saludable y con quien debiera concertar mejor que con Felipe II, Felipe IV y Carlos IV, es con Carlos III.


El Pardo se ha aconsejado como sanatorio. Sí, es sanatorio de sanos, concentrador de dispersos, arraigador de volubles, pedazo ejemplar de esta gran España otra -¡qué lejos de ésta!- con su Guadarrama de hierro y plata, sus encinas de hierro y fecundidad y su suelo de hierro y vida."


En el mismo libro aparece otro texto titulado "El Pardo" que reproducimos a continuación:

"Entre los chopos amarillos, aún en el invierno, que bordea el río abierto, Guadarrama llega hasta el agua del final, negro y nieve. Por el sur, horizontes suaves y redondos de verdor que recuerdan los de Andalucía. Y hacia el lado de Madrid, una calzada entre plátanos, para ir y venir a pie, o un ribazo, arriba, por el ladeado pinar.

Mucho olor a Pardo en las botas, en los zapatos de Francisco Giner, tierra guardada en una alforja sucesiva colgada de la percha, mucho roce, mucha amistad con el monte bajo y mucho ensueño largo de las encinas. Y mucho olvido de lo pequeño de la existencia bajo el rumoreo suave y eterno de los pinos, con toda la sierra enfrente."


Alfonso XIII y el fomento de la Agricultura: los Pozos Artesianos

Nuestro amigo Antonio Marrero nos ha enviado un artículo que se publicó en 1914 en la revista de divulgación dientífica Ibérica, editada por el Observatorio del Ebro, Tortosa, regido por los jesuitas.

El artículo trata sobre los pozos artesianos que se construyeron en El Pardo para poder regar terrenos del Monte y desarrollar así la agricultura de regadío. Para ello el rey Alfonso XIII trajo a un ingeniero llamado Rafael Janini que dirigió la operación. Aún se conservan restos de alguno.

También añado una imagen del más suntuoso, es una postal de la fototipia de Hauser y Menet, y ha salido de todocolección.net.