sábado, 30 de mayo de 2009

El barrio que dejó Franco

El pasado 18 de marzo El País publicó el reportaje de Cristóbal Ramírez titulado "El barrio que dejó Franco : La vida pasa lentamente en El Pardo, una zona ajena a la fiebre constructora".

Aparecen personas reconocibles que cuentan su vida aquí.

El barrio que dejó Franco

La vida pasa lentamente en El Pardo, una zona ajena a la fiebre constructora



En El Pardo, más verde que otra cosa, la soledad atrapa cuando le da la gana. Ahora no es el momento. Rosario, de 71 años y una energía descorchada, vende dulces en La Marquesita. Sabe que se enreda, pero no puede parar:

-Fíjate, esto es lo más bonito que hay. Soy de aquí de toda la vida. Viví una niñez muy feliz. No ahora, con todos esos secuestros que hay... Bueno, que tenemos el río, de donde antes bebíamos y teníamos una cara más saludable que todas las cosas.

En El Pardo existe otra lógica del tiempo y el espacio. Uno sale de la pastelería y de repente hay gente. Se va a los jardines del palacio, que fue hogar de Francisco Franco desde 1939 a 1975, y están vacíos. Nadie. A pesar de que en estas calles vivan 3.657 personas que, cuando aparecen, se mezclan con turistas. Algún querubín de piedra y 32 buhardillas que levantan el cuello. El palacio se construyó en el siglo XVI, aunque su aspecto actual se debe a las reformas emprendidas en el XVIII por Carlos III. Cierra de vez en cuando porque es la residencia oficial de jefes de Estado extranjeros cuando vienen a España. También se utiliza para actos a petición del Gobierno y la Casa del Rey. Por eso, apuntan desde Patrimonio Nacional, del que depende, sólo recibió el año pasado 41.229 visitas. Poco, si se compara con el palacio de La Granja (Segovia) y sus más de 240.000 turistas. Esto es el arte.

El resto tiene pinta de pueblo. Aunque hace 59 años que Madrid, el monstruo de asfalto y ladrillo, se lo merendó y pasó a formar parte del distrito de Fuencarral-El Pardo. Miren: la soledad. La bandera de España y el guarda de la garita ("no te digo el nombre, que me meten en la cárcel"), que explica que hay siempre mucha seguridad. Eso se ve. En un banco está Rosa, de 40 años, y su hijo:

-Oye, que no te subas ahí.

Ahí es un montículo. "Siempre hay que tener cuidado, pero aquí los críos están más tranquilos. Tienen más libertad que en Madrid". El espíritu de pueblo, lo que hace que uno se tope una y otra vez con las mismas caras: el señor de Madrid que viene a pasear por el río Manzanares; Rosario la de la confitería y su trajín; el señor de 81 años que lleva aquí desde 1947 porque aprobó unas oposiciones... Hay muchos ancianos. De cero a 14 años sólo hay 312 niños y el 47,7% de la población tiene más de 50 años, según las cifras municipales. Y baja en picado: en 2004 había 4.030 habitantes.

Paradójico lo pequeño que es El Pardo y la importancia que ha tenido en la historia de España. Franco fue el vecino más ilustre. "No se dejaba ver; había mucha austeridad", replica Rosario. Aún le recuerda la plaza del Caudillo. La mayoría de las casas (algunas forman parte de Patrimonio Nacional) fueron ocupadas a partir de los años cuarenta por funcionarios del régimen y militares. Donde antes mandaba Franco, ahora pisa el Rey, que aparece a través de cristales tintados. Aún está el cuartel de la Guardia Civil, hoy más solitario.

Uno de sus miembros de uniforme pasa por delante de Patricia, treintañera que vive de alquiler con su marido y su hijo, Daniel, que no para de trastear. "Hacemos vida en el pueblo, pero compramos en el Mercadona del barrio del Pilar. Más barato que lo de aquí... ¡Dani, hijo, que te vas a hacer daño! Eso. Si no tienes a nadie que cuide a tus hijos, se los llevas a las monjas".

Colegio sí hay. No hay más que escuchar los balonazos en el patio, repleto de niños que huelen el fin de semana. Colegio y poco más. El monte de El Pardo, en torno al barrio, pertenece a Patrimonio Nacional y tiene la máxima protección medioambiental. De ahí que no se pueda construir. "Menos mal, porque si no, esto sería un Móstoles", celebra Rosario, con una puntilla para todo. Nada de franquicias, sino la vecina de siempre que se sabe quién es quién. El BBVA, la farmacia, Caja Madrid, el bar Adrián, la pescadería Los Kikes, la peluquería Boni, el estanco, la ferretería sin nombre... Lo básico para sobrevivir.

La salvación está en el parque de la Mar Océana y en la carne de caza (la tradición del monte tira). Hay tanto trabajo que las preguntas estorban el paso de los camareros. Responden los comensales: "Esto está de vicio. La especialidad, el gamo. ¡Qué carne, Dios mío!". A Rafael y su familia les falta chupar el plato. Son de Fuencarral. Entre los de fuera y los de aquí llenan los restaurantes El Gamo y Menéndez, el mesón Charro, el asador La Montaña, la taberna y sidrería La Plaza... Y luego vuelta, sol y café. Asoma la primavera.

El calor es menos en la iglesia de la Inmaculada Concepción. La pila tiene agua y una pelusa. Hace un fresco que da gloria. Soledad. El nuevo sacerdote lleva cuatro meses y ya se conoce a los fieles. En la calle se hace referencia a la religión:

-Quítate esas gafas, que pareces una monja.

-¿Y tu hermana qué parece?

-Cállate.

La acera, donde el sol, es otro mundo. El grupo de chavales se sube al autobús a las siete de la tarde. Dispuestos a quemar la noche. Sólo habla Arantxa, de 17 años: "Esto es superaburrido. No hay pubs, así que vamos de juerga a Madrid". El 601 arranca, hasta arriba, y El Pardo se queda un poco más desolado.

Reapertura de la Casita del Príncipe

El pasado mes de abril se volvió a abrir al público la Casita del Príncipe después de varios años cerrada y de una restauración.
Las pinturas y las sedas han recuperado su esplendor después de los problemas de humedades que padecía el edificio. En este enlace del blog de

Los distintos medios de comunicación se hicieron eco de su apertura. El ABC publicó un extenso artículo de Virginia Ródenas que incluye 5 fotografías sobre el acondicionamiento de la Casita. Este mismo artículo fue recogido por el blog CarbulArte, pero acompañado de fotografías del exterior de la Casita durante su restauración.

El País publicó otro artículo de Rafael Fraguas dedicado a la Casita.

Además, Telemadrid también hizo un reportaje.