lunes, 12 de mayo de 2014

"Las Encinas", de Antonio Machado


Antonio Machado nos ha dejado un poema que le inspiró una excursión por los encinares de El Pardo. El poema “Las Encinas” pertenece a su libro Campos de Castilla, que se publicó configuró entre la 1912 y 1917. Y en él, después de hacer un repaso por distintos árboles, hace un elogio de las encinas que llenan las tierras de Castilla, para terminar refiriéndose a las de El Pardo.

El poema está escrito en recuerdo de “una expedición al Pardo” con los señores Masriera. Éstos son los profesores catalanes Víctor Masriera y Vila y su mujer Ramona Vidiella Galindo. 



A los señores de Masriera, en recuerdo de una expedición al Pardo

¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas
humildad y fortaleza!

Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?

El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble
en su torcido ramaje;
y es más rudo
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.

El alto roble parece
que recalca y ennudece
su robustez como atleta
que, erguido, afinca en el suelo.

El pino es el mar y el cielo
y la montaña: el planeta.
La palmera es el desierto,
el sol y la lejanía:
la sed; una fuente fría
soñada en el campo yerto.

Las hayas son la leyenda.
Alguien, en las viejas hayas,
leía una historia horrenda
de crímenes y batallas.

¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?

Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,
cerca del agua que fluye,
pasa y huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata.
En su eterno escalofrío
copian del agua del río
las vivas ondas de plata.

De los parques las olmedas
son las buenas arboledas
que nos han visto jugar,
cuando eran nuestros cabellos
rubios y, con nieve en ellos,
nos han de ver meditar.

Tiene el manzano el olor
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
el naranjo la fragancia;
y es del huerto
la elegancia
el ciprés oscuro y yerto.

¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?

En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu verdioscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.

Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece tu talante.
Brotas derecha o torcida
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.

El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.
Ya bajo el sol que calcina,
ya contra el hielo invernizo,
el bochorno y la borrasca,
el agosto y el enero,
los copos de la nevasca,
los hilos del aguacero,
siempre firme, siempre igual,
impasible, casta y buena,
¡oh tú, robusta y serena,
eterna encina rural
de los negros encinares
de la raya aragonesa
y las crestas militares
de la tierra pamplonesa;
encinas de Extremadura,
de Castilla, que hizo a España,
encinas de la llanura,
del cerro y de la montaña;
encinas del alto llano
que el joven Duero rodea,
y del Tajo que serpea
por el suelo toledano;
encinas de junto al mar
—en Santander—, encinar
que pones tu nota arisca,
como un castellano ceño,
en Córdoba la morisca,
y tú, encinar madrileño,
bajo Guadarrama frío,
tan hermoso, tan sombrío,
con tu adustez castellana
corrigiendo
la vanidad y el atuendo
y la hetiquez cortesana!...

Ya sé, encinas
campesinas,
que os pintaron, con lebreles
elegantes y corceles,
los más egregios pinceles,
y os cantaron los poetas
augustales,
que os asordan escopetas
de cazadores reales;
mas sois el campo y el lar
y la sombra tutelar
de los buenos aldeanos
que visten parda estameña,
y que cortan vuestra leña
con sus manos.



Víctor Masriera (1875-1938) fue artista y profesor de dibujo. En 1896 marchó a París para estudiar a la Escuela Nacional de Artes Decorativas. Ese mismo año obtiene su primer premio en Francia. Los años siguientes vive entre París y su Barcelona natal. En 1899 se matricula en la Escuela Oficial de Bellas Artes y Oficios de Barcelona. Al año siguiente expone en la Exposición Universal de París varias obras, siendo premiado. 

En 1902 se casa con Ramona Vidiella. Vuelve a París durante un año para continuar formándose en dos academias francesas.

Es 1904 recibe un premio en la Exposición General de Bellas Artes de Madrid, Sección de Arte Decorativo (Metalistería), comenzando su relación con Madrid. En 1909 viaja a Argentina conoce a Luis de Zulueta, con el que comienza su relación con el ambiente de la Institución Libre de Enseñanza. Así Masriera comienza a frecuentar los ambientes intelectuales y educativos de Madrid. Aquí probablemente comience su amistad con Antonio Machado. Es pensionado en 1912 por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para estudiar la enseñanza del dibujo infantil. A su vuelta comienza a formar a maestros españoles y a divulgar su conocimiento en publicaciones, muchas en colaboración con su mujer. Su Manual para la pedagogía del dibujo, publicado en 1917,  se puede consultar en https://archive.org/details/manualdepedagog00vidigoog

En 1927, Antonio Machado le dedica sus Poesías Completas. Y dos años más tarde, obtiene la Cátedra de Estudio de los Métodos y Procedimientos de la Enseñanza del Dibujo y del Arte en los Centros de Enseñanza Primaria y secundaria del Extranjero en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.



BIBLIOGRAFÍA:

PRAT PAZ, Esteve, “Víctor Masriera Vila (1875-1938). Pedagog de l’art, mestre en
la didàctica del dibuix. El seu pas per Sabadell”. En Arraona: revista d'història, nº 33 (2012), pp. 146-171. Consultado en http://www.raco.cat/index.php/Arraona/article/view/260469.